miércoles, octubre 28, 2009

Paro de profesores: síntoma de una enfermedad más profunda

Quisiera iniciar esta nota aclarando que soy hijo de profesor, lo admito y me siento orgulloso de serlo... y es por este motivo que verdaderamente me duele ver como es que el gobierno y el público en general ha vilipendiado al magisterio.

El ninguneo es constante: apoderados que creen que pueden llegar y criticar a un PROFESIONAL que estudia 5 años en la U, directores de escuelas que exigen cada vez rendimientos absurdos de un alumnado que de por sí ya es complicado de educar, municipalidades que no pagan sueldos o lisa y llanamente se ríen en la cara de los profesores.... y así podría seguir, sin embargo creo que no vale la pena hacerlo ya que solo sería remarcar aún más la difícil situación por la que pasan.

Sí, Chile completo TIENE una deuda histórica con los profesores, no solo económica, si no que también moral Y SOCIAL y van a necesitarse como mínimo un par de décadas para poder revertir esta y otras situaciones que tienen moribundo nuestro sistema educacional, debido a la gran cantidad de cambios a nivel político y social que se necesitan.

En primer lugar, me gustaría indicar la primera de las deudas del gobierno con el magisterio.

La llamada deuda histórica se origina el 31 de Diciembre de 1973, cuando el Gobierno Militar dictó el DL 249 el que, a contar del 1º de Enero de 1974, ubicó al Magisterio en la Escala Única de Sueldos de la Administración Pública, que tenía 31 Grados, con grave perjuicio para sus remuneraciones. Por ejemplo: al Profesor Básico de aula lo ubicó en el Grado 28 y al Profesor Secundario de aula en el Grado 26.

A partir del 1º de Enero de 1974, el DL 249 aumentó los sueldos de la E.U.S. en un 400%, descontando de ese 400% las planillas suplementarias. El profesor recibió solamente alrededor de un 52% de aumento real, o sea, la pérdida de su poder adquisitivo fue enorme.

Frente a esta situación, en Octubre de 1980, el Gobierno de la época dicta el
DL 3551, Ley de Reparación Económica para todo el Sector Público, con aumentos desde 20% para los grados inferiores recién ingresados a la Administración Pública, hasta un 95 % para los grados mayores.

Para el Magisterio, estos aumentos no se hicieron efectivos ya que a contar del mes de febrero de 1981 la Educación fue municipalizada, no entregándose a las Municipalidades los recursos para pagar el DL 3551, a pesar que el DL 3.063, de fecha 13/6/80, dispuso que: “al administrar los Establecimientos traspasados, se respetarían las relaciones laborales de los funcionarios transferidos y conservarían los derechos y condiciones vigentes, con anterioridad al traspaso”

Si nos fijamos en estos hechos históricos, podemos ver dos factores determinantes en la deuda histórica: el primero es la incorporación del magisterio a la escala única de sueldos de admin. pública, siendo que antes se regían por un estatuto especial (primer ninguneo) y luego la afrenta de negarles lo que a los demás funcionarios públicos sí se les dio (segundo ninguneo)... ¡y todo gracias a nuestro "bienamado" y afortunadamente difunto dictador!

Estos dos factores, junto con las primeras reformas educacionales (que le fueron restando cada vez más poder y protagonismo a los maestros) son la base de las humillaciones y la baja o nula autoestima que poseen los integrantes de este gremio. Si uno quisiera hacer un estudio de tesis de psicología acerca del nivel de autoestima de los estudiantes de las distintas carreras de pedagogía a nivel nacional, uno se encontraría con estudiantes frustrados, que están ahí sólo porque no les alcanzó el puntaje PSU para postular a "algo más"... ¿y cómo quieren eso si los incentivos para estudiar una carrera pedagógica son nulos? hoy en día ni siquiera la vocación de servicio y enseñanza compensa la cantidad de malos ratos, oprobios y frustraciones con las que tienen que lidiar nuestros maestros en el diario vivir. Es más, cada peso que hay en el sueldo de un profesor se ha ganado a punta de esfuerzo, huelgas y paros, puesto que si no lo hacían, ni siquiera les subían un céntimo el sueldo.

Yo me pregunto, ¿qué pasó con aquellas carreras de pedagogías de antaño, donde los estudiantes de pedagogía iban a la universidad con la convicción de ayudar al prójimo, entendiendo que la educación es el único método para salir de la miseria? ¿qué pasó con aquel estudiantado universitario que planeaba un país a futuro, que discutía de política y de las materias que afectaban al país y que pensaba y planeaba como usar sus talentos y conocimientos para ayudar al desarrollo de éste?

A mis ojos, la respuesta es clara: 17 años de oscurantismo dictatorial, donde todos sabemos que a ningún régimen autoritario le conviene tener una ciudadanía pensante, puesto que representa una amenaza para el establishment.

Basándonos en esa premisa, podemos ver claramente la dirección de las medidas adoptadas por el gobierno militar: ampliar la cobertura con un mínimo de calidad, ahorrando costos al estado e impidiendo algún tipo de desarrollo intelectual potencialmente peligroso. Basta con ver los planes y programas de la época, el nivel de ingeniería social utilizado para denostar poco a poco a los profesores y marginarlos en la escala social, logrando que efectivamente (y dando el golpe de gracia durante los primeros gobiernos de la concertación) el profesorado sea frente a los ojos de la población como el causante de la mala calidad de educación que existe en Chile.

Teniendo en cuenta todo lo anterior, ¿qué culpa tienen los estudiantes actuales de casi 30 años de horribles políticas educacionales, de mala formación de los profesores y de falta de crianza por parte de los chicos?

Pero dejémonos de quejarnos, porque para eso ya hubo suficiente tiempo. Podría seguir y seguir enumerando distintas causas que expliquen la situación actual, pero solo me limité a las más importantes. De ahora en adelante debemos enfocarnos en las soluciones.

La primera solución sería pagar la deuda histórica del estado para con el magisterio, deuda que en estos momentos asciende a nueve mil ciento treinta y tres millones de dólares pero que distintas comisiones y acuerdos con el gremio han decidido dejarla en tan solo mil trescientos millones de dólares, cantidad pagable si es que se hacen algunas reformas tributarias por aquí y por allá.

En segundo lugar, para mejorar la calidad de la educación en general se requiere una reforma profunda al sistema educacional; una reforma donde estén integrados los profesores en la toma de decisiones y se le quite algunas atribuciones al apoderado. Ya no estamos para reformas hechas "entre gallos y media noche" dentro de cuatro paredes con personas con doctorados en educación que jamás en su vida han pisado un aula de un liceo o de una escuela básica.

En tercer lugar (y no por eso menos importante), un sistema de evaluación docente que funcione, diseñado, evaluado y construido por los pares. El sistema de evaluación actual llega a dar vergüenza ajena, pues evalúa aspectos del accionar docente que no siempre tienen que ver con lo más importante, que es la transmisión de contenidos en el aula. Conozco el sistema de evaluación a través de portafolio y también he sufrido con la cantidad de papeleo inútil que hay que hacer (sí, mi madre incluso me tuvo tipeando algunas cosas).

En cuarto lugar, una revisión completa de los planes y programas de educación del ministerio, para de esta forma colocarnos a la par con países cuyo desarrollo sufrió un despegue gracias al desarrollo en educación.

Hay más cosas que hacer, pero esas son las 4 más urgentes.

Para finalizar, solo me queda indicar que acá tenemos una septicemia generalizada en la educación producto de una enfermedad más profunda y grave, que no se cura simplemente con meterle una cefalosporina de 3era o cuarta generación (en este caso, el pago de la deuda histórica). Ciertamente que ayudaría (y bastante), pero el problema de fondo requiere una terapia combinada y nadie quiere asumir el recontra altísimo costo político de hacerla.

Saludos